martes, 5 de julio de 2011

vulnerable.

Era obvio, más que evidente, veía sus nudillos forzados de dolor, rojos por calmar su ira, por terminar. Veía sus ojos, latentes, llenos de palabras ahogadas, de inseguridad. Sentía otra vez el aroma, que creí que no sería más que un viejo recuerdo, y lo sentí de verdad. Otra vez, se repite la historia, otra vez alguien más. Imposible, imposible dudar en seguir su camino, no necesitamos casi hablar. Entendimos, corrimos sin importar el frío de la baranda, no podíamos titubear. El silencio que decía tanto, nos sacudía como si estuviésemos evitando a una gran multitud. Pero estábamos solas, otra vez. Solas y ella, la vulnerable realidad. Horrible, pero desesperante. Vivir un pasado que ya no es propio, pero que se nos metía adentro de la piel. Qué hacer?, estábamos solas otra vez. No cedía la nostalgia, no cedía la frialdad. Cerrábamos los ojos, simulábamos no parpadear; cómo simular? , entraban y salían; y nosotras, otra vez. No daba más. Ya no corrían sólo nuestras lágrimas, ni constaba con simplemente no escuchar. Era ahí, es el rincón de la desesperanza, donde ella y yo: estábamos solas otra vez.
Estábamos solas, sin poder hablar.



nunca mas,-

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