miércoles, 12 de octubre de 2011

Puede ser que llore, que me enoje, que me fastidie, que me den ganas de tirar todo a la mierda.
Puede ser que me cueste horrores, que tarde asimilarlo, que me tenga que golpear ochenta veces para volver a mi realidad.
Puede ser que esté sola a veces, que me olvide de mis incentivos, que me olvide de porqué tengo que seguir aguantado.
Puede ser, pero sé, que en algún punto:
cuando subo, me preparo, me tranquilizo y me encuentro allá parada, sola, frente a todos,
Me olvido de todo. Y vuelvo a sentir que todo mi esfuerzo no fue nada, que nunca es suficiente,
que quiero más, que no me importa si no duermo, si tengo que seguir llorando, si tengo que seguir intentando.
Porque soy yo, allá, bajó la luz que no me deja ver la oscuridad.
Y escuchás tal vez, un aliento, a veces dos, y te potenciás.
Sentís cómo de a poco te vuelve la sangre a las venas,
y ese calor tapado por la fría soledad te vuelve a subir de a poco,
hasta que te llega a los ojos y te deja ver;
lo mucho que vale la pena intentarlo,
aunque sea, una y otra, y otra vez.
Porque es perfecto, casi inexplicable.
Y volvés a sí, pero esta vez como si te hubieses pegado un viaje de ida i vuelta a la satisfacción, todo en menos de unos minutos.
Y te dura, quizá hasta una semana, hasta que necesitás volver, y subir, y recordarlo otra vez.
Es tan intenso, que necesito volver, pero esta vez, voy a duplicar la apuesta.
Amar la danza no es tan simple como imaginarlo.
Hay que vivirlo para poder darse cuenta que es tan único como lo explico yo.,

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