martes, 7 de febrero de 2012

Acaricias mi paciencia,
como sonriéndole a mis sentidos,
no sé qué esperas, qué estás buscando.
Te vuelves frágil, hasta imperceptible.
Te cubres de cenizas, sólo para no mostrar debilidad.
Te debilitas con mirarme, con no poder sostenerla en alto.
Tiemblan tus manos, como si tocaras a tu enemigo.
Temes al amor, temes a sentirte perdido.
Me usas, nos usamos, nos arriesgamos.
Convencidos de un futuro incierto, nos ignoramos.
Vestidos con el mismo uniforme, olvidamos de dónde venimos.
Pretendemos que nos entiendan, sin entendernos a nosotros mismos.
Callamos por falta de certeza, y así sólo sonreímos.
Lloramos agenos, negando que nos conocimos.
Y mañana serás un extraño otra vez,
aunque caminemos juntos, miraremos al frente,
y seremos dos amantes desconocidos.
Otra vez.

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