sábado, 4 de febrero de 2012

Tu vida, tu guía, tu vía.

Ella se levantaba todas las mañanas,
abría los ojos como la primera vez, contemplando el resplandor elevarse desde su ventana.
le gustaba quedarse unos segundos, sentir el abrigo de la luz;
ese abrazo placentero, casi eterno.
Se desperezaba, casi como de rutina de persona obsesionada.
No se olvidaba ni un detalle, ni un paso antes llegar a destino.
No tenía apuro, pero no desperdiciaba ni un segundo.
Cada día para ella, era como el primero de enero de cada año nuevo.
Una vuelta de página, otra hoja para escribir en un mismo libro.
Cada frase, cada letra, debía ser especial.
Aunque una vocal siempre sea una vocal,
y aunque la tinta en algún momento se pueda acabar.
Ella no discriminaba la emoción, ni escaseaba de pasión.
Solo sabía con gran seguridad,
que cada día sería como el primero de enero de cada año nuevo.
Construyendo de las ruinas grandes edificios,
o viendo nacer varias veces algún fénix de sus cenizas.
Sabía que no dudaría en escribirlo, al menos que se le acabara la tinta.
Y sí, a veces, ella tardaba más en levantarse,
u optaba por sentarse, reposarse y esperar.
Cada instante, entonces, dejaba de ser efímero,
y efímero pasaba a ser ahora aquello poco productivo.
A veces hacía bocetos, y juntaba varios resúmenes,
o papeles que luego iban a parar bajo suelo. Pero siempre quedaba algo,
alguna frase incompleta, o alguna a punto de concretar;
Volcándolo sobre lo blanco, casi como oscureciéndolo.
Pero no, nunca se detenía, y lo hacía
porque realmente lo creía.
Aclaraba lo que se creía inaclarable.
Amaba lo menos explicable.
Pero lo sabía, y era obvio, nunca nadie, jamás la entendería.
Escribía su vida, su vía,
y lo hacía como ella realmente lo quería.

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