viernes, 14 de septiembre de 2012

yo soñaba con ser grande, y aprender. Me acuerdo aquel día del niño, agosto del 2000, llegar a mi "sala de juegos" y encontrarme diminuta, admirando ese gigantezco cuadro verde, vacío en contenido, pero esperando que una pequeña exploradora escriba sobre el sus anhelos para enseñárselos a su hermanita menor. Sí, ese fue mi primer regalo, o por lo menos, el primer recuerdo que consigo dentro de mi cajita. Totalmente inesperado, pero tan satisfactorio que todavía mis poros pueden reproducir aquella expresión. En mi frente estaba el pizarrón, perfectamente apuntalado y adornado con unas sutiles cajitas llenas de tizas de colores acompañadas de un borrador de ideas y más allá, si me volteaba a descubrir el resto de la sala, podía encontrar unas mesitas, tan chiquitas que daban ternura a quien las mirara; una biblioteca ; una grabador con un micrófono; un armario impresionantemente pintado a mano con dibujos de disney, y un simulador de cafetería. Sí, increible , no? , creo que les costó bastante preducirlo, pero aún más mejorar en los siguientes años ese obsequio tan preciado por mi memoria. ( no por eso voy a dejar de admitir que el libro de harry potter haya sido un GRAN acierto por parte de mi mamá, y que todavía lo agradezco desde mi corazón). En fin, yo no jugaba a las muñecas, o mejor dicho, no interpretaba ningún rol de madre ni formaba parte de ninguna familia inventada por mi imaginación. Mi diversión, la encontraba en la exploración, la superación por sí misma, creo que era totalmente anormal y descoordinada del resto y por eso me consideraba tan antisociable. Quién es antisociable a los 5 años? Me escondía las enciclopedias y las intentaba deducir, qué maravilla eran esos gráficos que recién pude descifrar como palabras después de la media década de vida. Cantaba con un micrófono de segunda mano y me grababa una y otra vez en mi pequeño reproductor musical, luego me escuchaba y me criticaba como una maldita infeliz. Mi mejor amigo era mi vecino, con él jugábamos a las luchas donde cada uno se paraba en una cama y yo intentaba resistir sus golpes con las piezas del logo. Luego conocí otro, y pasé a tener dos grandes amigos, ( ambos hombres por alguna razón) y con él cantábamos bien gays y mirábamos entretenidamente las series de animés mientras merendábamos cereales con leche. Extraño eso, sí es raro, cómo podía soñar con tener 18 años y ahora que los tengo querer volver a ser una niña. Pero era ingenua, inocente, deshinibida aunque solitaria. Podía ser creativa todo el tiempo y encerrarme en mi cabeza sin pensar que eso no era aceptado. Aprendí a aprender, a aislarme con lo productivo, a querer crecer más allá del tiempo físico. Aprendi a ser fuerte, lo era realmente. Más adelante, me enseñaron a que nunca es suficiente, a que la humildad es el logro más valioso; que la familia es lo primario; aprendí que el odio nos vuelve idiotas, y la ignorancia despierta el resentimiento. Aprendí lo que es un valor, lo importante que es la lealtad; que quien perdona crece, y quien comprende ama. Que un problema es una prueba, y una crisis es el nudo para terminarla. Que lo que importa no es la rapidez de llegar a destino sino con qué paso lo transitas. Aprendí que ser auténtico no es ser el mejor. Que la crítica nos nutre y la concentración es nuestra mejor guía. Aprendí que un impulso no es honestidad, sino que es aquel síntoma que uno mismo necesita escuchar. Aprendí a ser tímida, y que el miedo es nuestro único enemigo. Que valor, es intentarlo. Que elijo morir en el intento de. Me enseñaron que la debilidad no es el sentimiento, ni tampoco el sentimiento es nuestra enfermedad

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