sábado, 20 de octubre de 2012

Consecuencia efímera

Extrañamente el 110 dobló en nogoyá, sí, volvía al trabajo, tenía calor y planeaba ver la película que cami me había prestado hace unos minutos, cómo era posible, si a mi entender el recorrido era derecho por nazca hasta cruzar avenida san martín, busqué respuesta en la gente que compartía el recorrido, porque quizás mi cansancio me estaba confundiendo, o eran las ansias de llegar que me hacían plantear algunas preguntas un poco ingenuas diría yo. Algunas caras tenían una expresión indescifrable, como si su foco no tuviera destino, o si durmieran con los ojos abiertos, andá a saber qué. Pero uno, un señor, de poco pelo, ojos enrojecidos, tenía esa percepción, estaba segura, su ojos giraban en una velocidad desconcertada, como si buscara respuestas en algún agente externo que lo volviera a ubicar en esa tranquilidad de paseo con destino. Y allí paramos, frente a ese telo súper "chic" en diagonal a al paso de vía. El tren estaba parado, la barrera seguía sonando, pero no había estación, entonces miré un poco más detenidamente, con esa mezcla de miedo y curiosidad, esa alergia suspensiva que te invade hasta obtener una aprobación o rechazo a tu teoría anteriormente automenospreciada. Ahí, sentí escalofríos, no estaba tan errada.. las personas se hallaban atormentadas, todas en una diferente dirección, algunos hombres había bajado del ferrocarril y te agarraban la cabeza, otros sostenían su teléfono móvil con rostros impávidos y desconsolados.

Me sumergí, me aislé del entorno y me contuve. Me sentí patética e incluso me bajó la presión arterial, andá a saber a cuánto, pero vi mi reflejo pálido y sentí ese frío recorrer mi piel escondida bajo el abrigo invernal. Percibí la tensión centrada en mis manos, presionando mi único sostén dentro del autobús como si estuviera descendiendo en picada en una montaña rusa. Vértigo, miedo, tristeza. Lo reconocí y me escapé de ese estado, me sentí en tierra y sinceramente no era muy cómodo terminar desmayada frente a tanta gente, debía volver a la normalidad y dispersarme. Podría llamar a cami y contarle, pero seguramente se iba a preocupar, o bien, no estaba segura de poder expresarlo mediante las palabras. Sería desconcertante, preocupante, era totalmente disparatado y cualquiera que me escuchara agitada diría que me tranquilice porque no era más que un hecho ajeno a mi vida personal. El viaje continuaba su rumbo como si ignorara la realidad, los demás estaban pacientes, inexpresivos, como si fuesen seres inanimados, insensibles.. lo eran? o podía ser yo la fatalista, dramática, hipersensible, la verdad no lo sé, no lo sabía. Comencé a cuestionarme, y realmente quizás estaba cansada, quizás ese estrés semanal, o del año entero diría pero acrecentado por los últimos sucesos para mi significantes, la charla con Agustín, el libro de nico, la salida extraordinaria del jueves, las conclusiones sobre la toma de colegios recientemente concluida. Podía ser, claramente, tenía sentido, y recordaba opiniones donde algunos consideran que lo más mínimo y "ajeno", puede desbordar un vaso a punto de colapsar. Pero también, cómo era posible que alguien no tuviera ni la más mínima compasión, mi corazón no tenía taquicardia por satisfacción, mis ojos no se inundaban de vanidad ni tampoco las manos me temblaban de ansiedad. Podría ser mi madre, podría haber sido yo, esa mujer, que contemplé desordenada debajo del vagón, y seguidamente, que asumí que estaba sin vida, acurrucada, acompañada de sus otras partes del cuerpo esparcidas a su alrededor, llenas de sangre, y trágicamente arrolladas.. sin vida, eso pasaba, y de hecho, sentí compasión por ella, porque yo seguiría mi camino, saldría ese mismo día al anochecer y disfrutaría de todos los rincones que pueda visitar en esas horas de dispersión, y ella no, pero no.. la compasión no era el sentimiento adecuado, porque la subestimaba y realmente no sabía cómo es que había llegado a ese destino. Mi cabeza debatía y elaboraba teorías con una agilidad que desconocía en mi misma. Podría haber sido un accidente, y realmente me decepcionaba el hecho de que todavía hubiesen personas que cruzan una vía sin precaución, que subestiman su vida por la errónea idea de que por esperar unos segundos van a derrochar un instante de su vida. Pero, y si era un suicidio? tenía su cartera cuando la ví recostada, yo creo que si hubiese ido con esa intensión, no llevaría ningún objeto conmigo, ya que no tendría ningún sentido alguno, en cambio, si así fuera, si su cartera era una especie de coartada de su idea terminal y desanimada.. me detuve. Ya estábamos cerca, debía bajarme, y mis pulsaciones las sentía hasta las orejas, incluso me dió terror pensar que todavía estaba en zona de riesgo y era necesario que tranquilizara mi respiración, no quería llorar, no quería dejarme llevar por ese impulso nervioso lleno de pensamientos negativos, me paré y segura de hallarme en el sitio adecuado me bajé en la estación de naza y mosconi, porque seguramente caminar un par de cuadras demás y fumar un pucho me harían sentirme nuevamente consolada. Era posible, era posible que la mujer se hubiese suicidado, y no podía dejar de juzgar ese acto, el horario del día, la situación de tensión que le provocó a todas esas personas que se dirigían a continuar con sus vidas, esa escena morbosa y egoísta, era necesaria? porque así lo creí, egoísta para su familia, para el resto de la población, shockeante, impredecible. Quizás en su lugar me hubiese dado vergüenza y seguramente me hubiese suicidado en soledad, porque considero que mi tragedia no es la del resto, y no querría ser una molestia para quien decide lo contrario. Quizás no lo pensó, y estaba siendo demasiado cruel con esa mujer, buscando conclusiones, intentando analizar un rompecabezas sin terminar. Era absurdo. Levante la mirada, ya que mirar las baldosas sucias y aburridas no me era divertido, asique fue en ese momento que sentí la conexión con el mundo en movimiento. Cómo un suspiro de alguien que contuvo el aire desesperadamente durante unos quince minutos de recorrido me volví a sumergir en mis sentidos. Mis ojos se me estremecieron y la tormenta se inició sin pausa. Creo que sí estaba cansada. No lloraba con esa intensidad desde andá a saber cuándo. Las cuadras pasaban y me detenía en todos los detalles posibles que me sirvieran de cable a tierra, era completamente interminable, horroroso, no sabía si quería estar sola durmiendo hasta que pase o necesitaba la compañía de mis cercanos. Doble en Artigas recordando la florería donde con mi mejor amiga le habíamos comprado flores a la madre, una ternura, al fin un lindo recuerdo. Me quedaba sólo unos 100 metros y mi sangre desenfrenada y desequilibrada se fue normalizando. Entré en la galería y me percaté de que estaba en mi trabajo. En los trabajos no hay lugar para éste tipo de emociones ciclotímicas, debía ser cordial e imparcial. Abrí la puerta muy pacientemente, y mis manos dejaron de temblar. Encendí la luz y me senté en la computadora, estaba todo en perfecto estado, me encontraba en el mismo sitio que aquella mañana, con esa soledad tolerante, sin cami por supuesto, frente a un teclado, meditando. Abrí mi blog, y fue realmente mi mejor decisión en muchos minutos efímeros y excitados. Lo escribí todo, lo reviví en palabras, en el arte, en mi espacio abstracto donde nadie me juzga ni me responde. La hora indicaba otro capítulo. Estaba cansada, era una certeza, y había presenciado una realidad que uno ignora, que subestima, un suspenso que seguramente lo recordaría de por vida, pero ya estaba segura de una sola cosa, había aprendido.

"Mi pésame para todos los familiares y seres queridos de la señora fallecida el día 20/10/2012, en la barrera de Nogoyá del ferrocarril San Martín, a las 15:20 hs pm."

No hay comentarios: