lunes, 8 de diciembre de 2014

Chloe

 ,

¿Cuánto hacemos por llenar nuestra inseguridad? ¿A caso no nos volvemos esclavos de nuestros miedos? ¿Cuántas veces sentiste que echabas a perder todos tus aciertos por seguir los juegos de una ilusión?
Curioso todo lo que puede abordar y comprometer un simple complejo, o bien un prendedor de cabello como marca personal.
Labios sugestivos, mirada intensa, penetrante, susurros de una belleza fresca, casi inocente, se anteponen a un aspecto melancólico, frío, controlador , chispeante pero no menos expresivo a los ojos del espectador.
¿A caso no somos nuestras propias fantasías?
Interesante el recorrido del juego que se precipita por momentos como si marchara al ritmo del corazón Catherine que ruge, desesperado por atención.
No se trata de ellos, como bien nos hace creer Chloe cuando casualmente la conoce a Catherine en un baño, se trata del aspecto femenino que no nos permitimos desnudar.
Es un encuentro perfecto el que se da entre éstas mujeres aparentemente tan distintas pero tan profundamente arraigadas en su interior.
Hermosas, míticas, buscando ardientemente un regreso hacia sí, hacia el reencuentro con ese dolor que pide morir.
Así también podemos encontrar entre la aparente transparencia que delinea el aspecto del hogar,  una oscuridad femenina, magnética, ruidosa en el silencio, que se esconde, que sufre inmensamente cuando no la ven, cuando su exterior no la escucha y no la siente.
¿A caso no la sienten?
Intensa, desgarradora por momentos, pero hermosa y tan real como misteriosa.

Y un vacío tan pleno de significado como lo es el dinero, que las corteja a ellas dos, las envuelve y las pone en movimiento con una rapidez que casi se pierde de vista.

Es la voz de nuestro deseo compulsivo, Chloe, quien nos advierte clara y sensualmente, que no hay detalle que pierda de vista, y que no es el negocio lo que tan pasionalmente nos compromete.



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