viernes, 30 de enero de 2015

-¿Alguna vez se sintió así de liberado?
Le preguntó al taxista mientras contemplaba el sol asomándose cálidamente entre las nubes. Era un día fresco, con ese aire templado que te refresca luego de un día de tormenta, no hacía frío pero se sentía el viento de playa recorrer la piel, las calles estaban silenciosas pero iluminadas con ternura, era dulce respirar, era esperanza.
-  No comprendo bien a qué se refiere señorita.- contestó el hombre arrugado por la vida, templado, con suspiro de madurez, con la mirada encendida en el horizonte de la calle Juan b Justo.
-Acabo de renunciar a un trabajo de condiciones horribles, inhumano, pero me pude sentar ¿sabe?, con veinte años me senté muy tranquila y le dije que esto no era para mí, y me fui.
-¡Muy bien! Sí claramente me he sentido así.- dijo el señor asomando una sonrisa un tanto pícara.
Su hablar era extraño, se pausaba entre frase y frase, como si un mar de recuerdos nostálgicos se aparecieran entre cada pensamiento. Parecía seguro, atareado, un poco presente y un poco no. Vestía camisa, usaba reloj, lo cual denotaba cierto interés en la "responsabilidad secular".
-La verdad no tengo idea de lo que voy a hacer ahora, pero bueno sea lo que sea, me siento feliz.

- ¡Y sí! estas cosas sirven para conocerse.

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