miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Por qué el arte? ¿por qué algo tan complejo y frágil como el cuerpo? ¿Por qué la incertidumbre, la investigación, la expresión como medio y fin?
¿Por qué las preguntas en vez de respuestas? ¿Por qué creamos, para qué, para quién?
 Cada tanto son preguntas que se me acercan en medio de la dinámica del arte, al final de una clase, en el corte de una escena, en el ensueño de una canción que te eleva las fibras del espíritu.
Preguntas suficientes en sí mismas, impulsos, reflejos de una búsqueda infinita, de una sensación tan profunda e indefinible que nos hace transitar éste camino. Una sensación, pero no menos real, no menos poderosa.
Una dinámica de la creación, que juega con las palabras, con los movimientos, las intensidades, los silencios ruidosos y el intenso ruido de un silencio pleno. ¿Qué somos? ¿Qué sentimos ahora?
 Esa textura cuando se habita el tiempo, ese cuerpo espacial, ese flujo, ese sabor ¿a caso no parecemos agua?
Es un impulso la motivación, otro reflejo de algo que se siente, que pide ser nombrado, delineado con el cuerpo, que pide investigarnos, que quiere crear por crear, que quiere lanzarse al vacío, que quiere movimiento, que quiere libertad, que quiere tanto que ya no sé si se puede encerrar en los límites del yo, que a veces no sé si es mío, o si es parte de esa magia de ser humanos. ¿A caso el arte no está adentro? ¿ a caso no es eso que se expresa a través de las cosas? ¿A caso crear no es una forma de ser?
Más preguntas, cada vez, y vuelvo a empezar delineando un sentimiento que guía, que hace escribir, que busca por sí mismo, que habla de sí mismo, que se observa a sí mismo, que cree detenerse en algún momento y se pregunta ¿A caso ya no estoy haciendo el arte?.

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